Buscándome la voz--(Poesía--Autor: Kevin Fernández Delgado)

 



                                                                              Kevin Fernández Delgado



 Buscándome la voz




No he encontrado mi voz, no la he encontrado.

Se asusta con frecuencia, es una pena.

Ves que sube la curva y que se cae.

Ves que dobla pendientes y derrapa.

Siempre acaba la recta en mal momento,

cuando el mejor momento había empezado.

Si es que se pone fruto de la tierra,

es cuando todos comen lo que trae el carguero,

Si es que la graban, alguien la secuestra,

y pone en su lugar cantos de rana.

Busco mi voz, por todos esos libros,

donde se pasean lagartijas y duendes,

He tratado de hallarla en los saludos,

pero a veces ni siquiera me responde.

Temo intentarlo con las despedidas.

Hay veces que me rindo, e igual sigo su rastro.

Quince agujas suben mi columna

y tres dentro del cráneo, apuntan para ella.

Me saqué una vez una, y no se lo deseo

ni al más inmortal de los suicidas.   

Igual le grito un día si estoy fracasado,

pero si me arrepiento me habla ánimo,

sin siquiera escuchar cuanto lo siento.

Pero, cuando la busco, no la encuentro en su cuarto.

Tengo que hallar mi voz, se acaba el aire,

y no aparece por el diafragma.

Yo que creí dejarla en un lugar seguro,

resulta que se ha ido en un respiro

al que seguro no le presté atención.

Es duro andar usando voz prestada

que al usarla te das cuenta que está sucia

y huele a idea e imagen que no es tuya.

Me he dado cuenta de que no te entienden

cuando usas una voz que no heredaste

pues creen que suenas a lo que no crees.

¿Cuándo tendré mi voz sujeta al hombro,

para que me repita aquello que yo quiero,

y la gente se quede en maravillas,

de lo mansa y lo bien que la he entrenado?

Para eso falta mucho, pierdo el rumbo

persiguiendo mi voz, siempre delante

tanto que muchas veces no la oigo,

pero cuando la oigo…

He estado mucho tiempo, recogiendo sus rastros

escribiendo sus rastros.

Puedo pasarme la vida,

persiguiendo mi voz sin alcanzarla,

pero al menos me quedan de consuelo,

estos tintines que se le van cayendo

o que me deja,

para que me distraiga si me acerco,

y la deje escapar.

Quizás nunca la encuentre.

Con su tesoro tendré que conformarme.



Kevin Fernández Delgado

 

   

 


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