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NENETS (Ненцы) - (Poesía decolonial) - Jorge Gabriel Menéndez Vera - poeta cubano

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  NENETS (Ненцы) Desde Taymyr hasta Kanin vagan a perpetuidad los ancestros junto a las «verdaderas personas». Pasan frente al ojo de Saidei  que no se abre aún pero ya lo ha visto todo; su párpado solo se alzará antes de que se pierda la última gota del tiempo, guardada a orillas de Kara en Yamal , en el centro cóncavo del inframundo. Desde Taymyr hasta Kanin la hebra de la vida habla en zigzag  en el laberinto de cuernos que asciende al cielo. Allí, dentro del chum  (uno de los fondos del cosmos)  está Tadibya oyendo el susurro de Ya-Nebya , que le muestra el secreto de Num : su viaje en el velo de Vaygach , el don del hielo a Hodako , el don de la noche a Vesako .  Desde Taymyr hasta Kanin el can samoyedo arrastra un trineo infinito  en la garganta del invierno.     J o rge Gabriel Menéndez Vera Cuba, el alfa de mi décima enviar un correo pinchando aquí para solicitarlo aquí ---(&&&) Poemario Las Alas de Entonces---Enl...

La caída es lo oculto---(Relato)---Autor: Jorge Gabriel M. Vera---(Cuba)---(Relato publicado en Los oníricos arcanos. Poesía y relatos) ---Enlace de venta.


Adán y Eva de Pedro Pablo Oliva



La caída es lo oculto

 

Él y la tarde intercambian sus ritos. Va solo por el bosque hasta donde llegan los árboles. La llanura se abre con la timidez del sol. Espera un tiempo que ya pasó. El otro está allí, aguardándole; le revisa cada estancia de su piel.

Los cuerpos, en la llanura, van tejiendo un enigma. La tarde se estira, se deshace. Han terminado. Se bañan en el río.  El otro mira la desnudez del hombre. Se despide mientras se deforma en luz. Ahora está distante, fugándose luminoso entre la ribera y las aguas que dibujan el valle. El río le devuelve su reflejo, confuso en las pudorosas aguas.

La tarde se entierra en la noche y el Edén queda expuesto a las estrellas. Eva ve junto a las corrientes del gran río esa esfera de luz que se detiene, se transforma en culebra y se desliza hacia la maleza. Y se queda allí pensando en esa bola de luz. Un rato después siente una caricia desde el cuello hasta sus hombros, se da la vuelta y dice:

—¡Adán! ¿Dónde estabas? Me preocupan tus paseos en la tarde.



Jorge Gabriel M. Vera




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