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El grito de Munch (Del poemario «Mundo pañuelo»)- Roly Ávalos Díaz - Poeta cubano

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Roly Ávalos Díaz   El grito de Munch Un hombre grita en un puente sin oyentes ni futurólogos. Es solo un grito discontinuado como la frágil estancia de los que pasamos cerca charlando nuestros asuntos. Un hombre grita cerca de la baranda de un puente y el viento es el único que importa.                           Roly Ávalos Díaz        Mundo pañuelo, de Roly Ávalos Díaz - Para adquirir la obra, pinchar aquí - (&&&&)       Cuba, el alfa de mi décima enviar un correo pinchando aquí para solicitarlo aquí ---(&&&)

CUBA AGRADECE A LOS GÜIJES--(Poesía)---(Poemario Anti_Nocturnos del Caribe)---Jorge Gabriel M. Vera


Foto: Kini Kini, Muñeco de palo, Chichiricu o Güije


 Los peñascos, que danzan una quietud, únicamente podrían ser perturbados por el fálico vendaval. Un viento comienza a dar a luz a la oscuridad y la recluta en las filas de su caos. Qué lejos van por la cañada los tres guajiros, parecen haber sellado la jornada. Entre chistes que se olvidarán recortan el camino y dejan las risas fundidas en el recuerdo. Ansiosos por llegar, bajar la cuesta, chocar con el aroma de una sopa que aún está por servirse. Del otro lado, después del ojo de agua y la guardarraya, unos surcos, son pura potencia, difieren del acto, más no con la idea de maíz. Luego volarán nueve sinsontes que cruzarán la madrugada.

 

Por más que los brujos suelten la noche 

en el monte,

los duendes negros

no tienen miedo, 

ellos corren encueros,

se adentran en la manigua cerrada,

convencen al jazmín de su fuerza.

 

Estos chicherikus de patas de rayo

revuelven las madrigueras,

se asoman en las ventanas de los hijos de los guajiros,

le cantan sueños de lunas,

mecen la cuna en el techo,

el que se perdió por el huracán.

Conocen todo lo que ríe 

y llora en el batey.


Convertidos ya en cocuyos danzan, 

danzan las onomatopeyas del monte,

logran brillar sin las constelaciones.


El retozo acaba con el último sinsonte. 


Al amanecer Oshún con su guijarro

llama a los güijes, los amamanta,

les da el néctar de su ser, 

los lleva en brazos a la loma

de Oggún, el padre, y allí los deja dormir el día.

El brujo mira su caldero,

una copia lúdica del universo.



Jorge Gabriel M. Vera---Biografía---pinchar aquí. 


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