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Koyep de Kaltashch-ekva - (Poesía decolonial) - Jorge Gabriel Menéndez Vera - poeta cubano

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Koyep de Kaltashch-ekva Koyep que tum que suena que tum. En Manpupuner el mansi siente que Ekva lo siembra, lo traza y le toca la vida. Sabe que en Yalping-Ner tras la muerte se hunde en cada parte de todo. Koyep que tum que llama que tum. Kaltashch-ekva dice en Manpupuner: «Soy la que despierta, da luz y crea, como un cisne, siete gigantes sobre mi espalda nacidos de siete sueños, en siete cunas que se mecen bajo el cielo ignorado del atardecer». Koyep que tum que arde que tum. La mano se acerca desde el cosmos a la hoguera, con una espiral de hilos que forjan el alma de un niño. Koyep que tum que mira que tum. Kaltashch-ekva, ante el ojo de Manpupuner, descuelga sus alas e inicia uno de sus infinitos vuelos: el que llevará los óvalos, los dejará caer para estallar en grietas, raíces que ascenderán hasta los pétalos, hasta el polen de la noche. Koyep que tum que oye que tum. Su voz, en los bordes del silencio, coincide con todos los sonidos. Koyep que tum que vuelve que tum. El...

La entrega---(Relato)---Autor: Alain Gómez Pérez---(Cuba)

 


La Carte de l'Enfer de Sandro Botticelli



La entrega


Las escaleras eran eternas, sus pies añoraban el escalón final. Gritos, susurros y voces provenían desde el interior de una enorme gruta, donde paneles de vidrio recubrían varias zonas de la caverna.

—Entregar y largarme, es todo lo que tengo que hacer —se repetía el joven.

—¿Es usted nuevo en la agencia? Nunca lo había visto por acá —dijo el anciano guarda.

—Sí, esta fue mi primera misión. —Los ojos del joven vagaban por las paredes.

Detrás de uno de los paneles vio una criatura de colores vivos que realizaba trazos en el suelo con una roca. En otra zona, una criatura le sonreía con una enorme boca mientras desde la parte inferior de su cuerpo lo observaba otra cara que derramaba lágrimas sin consuelo. Se detuvieron frente a una celda vacía.

—Has hecho bastante daño allá arriba, Depresión. —El joven sostuvo en sus manos una pequeña bola de pelos azul con dos grandes ojos caídos que ocupaban toda la cara.

—Los trastornos son muy astutos pero muy dependientes, se abrazan a cualquier persona que tengan cerca para vivir. —Un grito desvió la mirada del anciano.

—¡Ha escapado uno! Debemos dar la alarma a la agencia — el joven mientras inspeccionaba la abertura en el panel.

—No lo creo, muchacho. —La voz del anciano se tornó grave—. Necesito un cuerpo joven.


Alain Gómez Pérez









 

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