Perturbación---(Relato)---Autor: Octavio Castillo Quesada---(Cuba)
Perturbación
Violeta Duque Santana, paciente femenina de
cuarenta y siete años de edad, divorciada, de piel blanca, maestra. Acude a
consulta remitida desde su área de salud con gran agitación psicomotriz. Padece
de Asma Bronquial y Colitis Ulcerativa desde la infancia. Antecedentes
patológicos familiares de Diabetes Mellitus y Melancolía Involutiva. No se
identifican problemas en el hogar ni consumo crónico de medicamentos. Los
síntomas comenzaron en la noche del viernes 17 de julio. En el examen físico:
Frecuencia cardíaca de 132 pulsaciones por minuto, Frecuencia Respiratoria de
23 inspiraciones y Tensión arterial en 140/90 mmHg. No otras alteraciones. En
el examen psiquiátrico se constata personalidad hipotímica enmascarada por
conducta eufórica, con carga afectiva, toma de las necesidades y aceleración
del curso del pensamiento. Presencia de marcadas alteraciones en la
sensopercepción e hiperconcentración. Nivel de funcionamiento psicótico.
Eso
fue lo que el médico escribió. Cuando me quedé sola en la consulta por unos
minutos, aproveché para agarrar la historia clínica a escondidas y pude
memorizarlo. Luego, la devolví a su sitio e hice como si nada hubiese pasado;
fijé la vista en una rama del cerezo que entraba por la ventana. No sabía qué
pasaba, pero tenía miedo.
El
viernes me sentía muy triste, no salí del cuarto durante todo el día. Tenía la
sensación de que algo malo me ocurriría y aseguré la puerta para prevenirlo. El
salto en el estómago no se me quitaba. Por otra parte, el corazón intentaba
desprenderse cada dos por tres, aunque resistió. El sábado ya estaba mejor. Tenía ganas de
trabajar. Me puse un vestido de flores con muchos colores, me maquillé hasta
las orejas y me alcanzaron las 3:00 de la madrugada limpiando la casa. Ellos
siempre me acompañaban y yo los trataba con educación para que no me dejasen
sola. Así me entretenía. Uno de ellos me mordió y me asusté tanto que terminé
yendo al policlínico para que me revisaran.
Le
conté todo eso al doctor. Él me miraba directo a los ojos como si intentara espiar
lo que ocurría en mis entrañas. Estuve a punto de presentárselos, mas creí que
no lo merecía. Debía evitar que discutieran porque estaba segura de que no se
llevarían del todo bien.
Yo
no entendía nada de medicina. Aunque me pareció raro lo poco que pude leer, no
distinguí sus nombres en ninguna parte. Me quedé tranquila al ver que no me
encontraba tan mal. A fin de cuentas supongo que por eso estaba allí, por mi
obsesión con los extraterrestres. Sé que pueden ser peligrosos, pero cuando los
veo no logro evitar tocarlos.
Octavio Castillo Quesada

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