Koyep de Kaltashch-ekva Koyep que tum que suena que tum. En Manpupuner el mansi siente que Ekva lo siembra, lo traza y le toca la vida. Sabe que en Yalping-Ner tras la muerte se hunde en cada parte de todo. Koyep que tum que llama que tum. Kaltashch-ekva dice en Manpupuner: «Soy la que despierta, da luz y crea, como un cisne, siete gigantes sobre mi espalda nacidos de siete sueños, en siete cunas que se mecen bajo el cielo ignorado del atardecer». Koyep que tum que arde que tum. La mano se acerca desde el cosmos a la hoguera, con una espiral de hilos que forjan el alma de un niño. Koyep que tum que mira que tum. Kaltashch-ekva, ante el ojo de Manpupuner, descuelga sus alas e inicia uno de sus infinitos vuelos: el que llevará los óvalos, los dejará caer para estallar en grietas, raíces que ascenderán hasta los pétalos, hasta el polen de la noche. Koyep que tum que oye que tum. Su voz, en los bordes del silencio, coincide con todos los sonidos. Koyep que tum que vuelve que tum. El...
¡Preciosa evocación, poeta! ¡Digna del lustre de tu alma, e inspirada hacia el amor y su latencia cuando el pasado provoca!
ResponderEliminarGracias, Aris, con ansia siempre esperamos tus bellos poemas.
EliminarHermoso
ResponderEliminarMuchas gracias.
EliminarLa nostalgia, la añoranza contenida en el recuerdo del erotismo "pasado". Quizá los tambores del enamoramiento repliquen como súplica latente en nuestro poeta: "Un pasado custodio/ pende en mis adentros como un tigre". En todo caso la emoción y el deseo son fenómenos que siempre se dan en el presente, aunque algo del pasado sea lo que los suscite.
ResponderEliminarPor otra parte es notable la concisión con la que se expresa esta especie de drama -y esto habla de la madurez que se viene dando en nuestro poeta, Jorge Gabriel Menéndez Vera-, un poema en versos libres pero bien conformados y agrupados: se une esto a la concisión del contenido, lográndose así uno de los ideales estéticos del arte; la unidad entre contenido y forma.
Finalmente, el poema nos revela parte de un universo, otra parte queda en el misterio: ¿qué será lo hecho del deseo? Reconozco que a ciencia cierta no lo sé. Puede haber sido la musa, esa que conduce al poeta a hilvanar versos y luego termina gravitando lejos de sus manos, de nuestras manos.
Boris Montalvo Rencurrell, agradecido como siempre, querido amigo, por tus palabras, las cuales siempre me dejan con una sensación de lejanía respecto a un posible mérito. Igual, quizás puedes vislumbrar lo que no he podido ver en mi decir.
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