SHAMANKA (Удаган) Shamanka tiene un poder que el olvido no puede tragar. En Olkhon , cerca de la cumbre, hay un niño acostado sobre el humo, rodeado de llanto frente a Udagan , que le habla a la oreja del cosmos para viajar al laberinto donde Tengri guarda a los muertos. ¿Quién anda, quién sueña, quién mora en la punta de Burkhan ? En las noches de haces profundos en el lago de Sagaan los peces levitan sobre los Serge sagrados que yacen enterrados sobre el infierno, sobre la lengua del que no se atreve a maldecir a su verdugo, aquel al que le pisan la médula del tiempo. El viento habla del viejo Baikal , el que ha viajado todos los naufragios invernales en busca de Angará ; quiere cobrar su venganza a Yenisei , pero solo es un deseo , algo que no podrá lograr porque el bosque del ancestro ignoto es un ejército de distancia. Udagan regresa del laberinto de Tengri, baja de la cúspide de Olkhon, agarra la espiral de humo y fuego con un espíritu en su boca y lo devuelve al c...
¡Preciosa evocación, poeta! ¡Digna del lustre de tu alma, e inspirada hacia el amor y su latencia cuando el pasado provoca!
ResponderEliminarGracias, Aris, con ansia siempre esperamos tus bellos poemas.
EliminarHermoso
ResponderEliminarMuchas gracias.
EliminarLa nostalgia, la añoranza contenida en el recuerdo del erotismo "pasado". Quizá los tambores del enamoramiento repliquen como súplica latente en nuestro poeta: "Un pasado custodio/ pende en mis adentros como un tigre". En todo caso la emoción y el deseo son fenómenos que siempre se dan en el presente, aunque algo del pasado sea lo que los suscite.
ResponderEliminarPor otra parte es notable la concisión con la que se expresa esta especie de drama -y esto habla de la madurez que se viene dando en nuestro poeta, Jorge Gabriel Menéndez Vera-, un poema en versos libres pero bien conformados y agrupados: se une esto a la concisión del contenido, lográndose así uno de los ideales estéticos del arte; la unidad entre contenido y forma.
Finalmente, el poema nos revela parte de un universo, otra parte queda en el misterio: ¿qué será lo hecho del deseo? Reconozco que a ciencia cierta no lo sé. Puede haber sido la musa, esa que conduce al poeta a hilvanar versos y luego termina gravitando lejos de sus manos, de nuestras manos.
Boris Montalvo Rencurrell, agradecido como siempre, querido amigo, por tus palabras, las cuales siempre me dejan con una sensación de lejanía respecto a un posible mérito. Igual, quizás puedes vislumbrar lo que no he podido ver en mi decir.
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