DAMAVAND desde Airiiana llegaron a ti, te rodearon: porque soñaron con sus ojos, contigo la potencia abismal de Kiririsha , de Ahura Mazda , de Alaha , o Allah . Tu cumbre, un gato sentado en la noche que ha escuchado las estrellas, sabiendo que tu derrota no existe. Damavand, tu invencibilidad radica en el tiempo, en el pelaje amarillo de las constelaciones , los tejidos celestes en tus ojos verticales, sobre el filo de tus garras pacíficas y perpetuas. Entonces los monstruos te hieren, y lanzas tus uñas de fuego que los derretirán en la llanura, a tus pies. ¿Cómo se atrevieron, Damavand, a cruzar tu cúpula inefable? Los malos, sí, los malos, esos infanticidas que nada tienen que ver con Canaán , y los matadores de los ayání diné , esos también caerán frente a ti, DAMAVAND. J o rge Gabriel Menéndez Vera Poemario Las Alas de Entonces---Enlace de Venta---Pincha AQUÍ---(&&&&) Panegíricos cruza...
¡Preciosa evocación, poeta! ¡Digna del lustre de tu alma, e inspirada hacia el amor y su latencia cuando el pasado provoca!
ResponderEliminarGracias, Aris, con ansia siempre esperamos tus bellos poemas.
EliminarHermoso
ResponderEliminarMuchas gracias.
EliminarLa nostalgia, la añoranza contenida en el recuerdo del erotismo "pasado". Quizá los tambores del enamoramiento repliquen como súplica latente en nuestro poeta: "Un pasado custodio/ pende en mis adentros como un tigre". En todo caso la emoción y el deseo son fenómenos que siempre se dan en el presente, aunque algo del pasado sea lo que los suscite.
ResponderEliminarPor otra parte es notable la concisión con la que se expresa esta especie de drama -y esto habla de la madurez que se viene dando en nuestro poeta, Jorge Gabriel Menéndez Vera-, un poema en versos libres pero bien conformados y agrupados: se une esto a la concisión del contenido, lográndose así uno de los ideales estéticos del arte; la unidad entre contenido y forma.
Finalmente, el poema nos revela parte de un universo, otra parte queda en el misterio: ¿qué será lo hecho del deseo? Reconozco que a ciencia cierta no lo sé. Puede haber sido la musa, esa que conduce al poeta a hilvanar versos y luego termina gravitando lejos de sus manos, de nuestras manos.
Boris Montalvo Rencurrell, agradecido como siempre, querido amigo, por tus palabras, las cuales siempre me dejan con una sensación de lejanía respecto a un posible mérito. Igual, quizás puedes vislumbrar lo que no he podido ver en mi decir.
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