Bitácora del escritor del cielo---(Relato)---Autora: Iris F. Rivero---(Cuba)
Bitácora del escritor del cielo
Nací en el fondo de un mar de tinta y tierra profana. Recuerdo mi corazón
como un círculo muy pesado hecho de finos tentáculos de aire, estirándose para
sostener el resto de mis órganos. Incluso cuando no podía oír me inundaban las
voces, cuando todo no era más que ruido de olas y cañonazos, había susurros.
Otros dicen que fui creado por una lluvia de pólvora que cayó sobre el océano y
convirtió el mar en tinta salada, porque eso era lo que querían los dioses,
alguien que acabara con la guerra: un escritor. Si me preguntan a mí, les diría
que fui un pez, un pez gigante que tragó pedazos de cielo partido y se
convirtió en un monstruo, de esos con dos ojos y largas piernas semejantes a
los de arriba. No sabía lo que hacía, no al principio. Saqué mi pluma de una clavícula sobrante,
pulí el hueso con una concha afilada y me colgué su perla al cuello. Todo en
una serie de movimientos mecánicos y precisos. Como si alguien me susurrara al
oído unas instrucciones que en el fondo no comprendía, pero que como buena máquina
debía ejecutar. Emergí a la superficie. Los órganos cayeron de un palmazo en el
interior de mi cuerpo, ajustándose a la forma que deberían tener. Vomité agua y
aire. Entonces miré hacia arriba.
Mi primer vistazo al mundo fueron los huecos de aquel cielo humareado y
sangrante por los que aparecían gigantes pájaros de metal. Cuando entraban se
abría más la herida y ante el sonido del desgarro llovía sangre y ceniza. El
agua estaba impregnada de una sustancia pegajosa que se lanzaba violentamente
contra mí, impulsándome de nuevo al fondo como si no quisiera soltarme. Como un
monstruo que da la oportunidad de escapar antes de devorar su presa, vuelve al vientre de tu madre, pequeño, no
quiero hacerte daño, sentí que cada metro del océano me cantaba una advertencia,
pero aun así me quedé, porque este mundo este asqueroso mundo con huecos en el
cielo me pertenece, es mío para repararlo. Entonces tomé la pluma de hueso y en
la palma de mi mano clavé mis dos primeras palabras: cierra herida. Miré al cielo otra vez y los huecos comenzaron a
cerrarse. Los pájaros de metal se quedaron desconcertados mirando también hacia
arriba, el humo se disipó y ahora, a la cara de aquel circulo de luz
resplandeciente que titilaba sobre mis pupilas por primera vez, la ceniza brillaba.
Iris F. Rivero

Concentrada y emotiva narración. ¡Un gusto para los sentidos! ¡Gracias!
ResponderEliminarGracias, Aris, por tus comentarios tan precisos.
Eliminar